La escena del rock en Mazatlán

Un vistazo al estado de las bandas y música de rock en el puerto

El camino de la cruz: estación por estación

Una crónica detallada sobre el viacrucis, celebrado en Catedral esta Semana Santa

Before Sunrise / Before Sunset / Before Midnight

Análisis a profundidad de la aclamada trilogía romántica del director Richard Linklater

La Ruta Vegana y la cultura del veganismo en Mazatlán

Una reseña del restaurante "La Ruta Vegana" que explora lo que significa ser vegano en Mazatlán

Descubriendo (y re-descubriendo) a Cri-Crí

Una tarde de diversión y canciones celebrando la vida y obra de Francisco Gabilondo Soler

Monday, May 18, 2015

ENTREVISTA: Cultura y comunidad: Reconstruyendo el tejido social a través del arte

La tarde estaba nublada y un inusual viento recorría el campus de la UAS. Sentado en una de las mesas al aire libre de la Facultad de Ciencias Sociales, disfrutando de un cigarro después de haber impartido un seminario, se encuentra el profesor Carlos Vorrath. Una figura conocida dentro de la Facultad, el profesor Vorrath es una persona de principios, los cuales guían sus acciones y le dan sentido a las clases que imparte. Siempre abierto a convivir con alumnos, se muestra abierto a una plática. Nunca una persona que hable demasiado de sí mismo, resultan reveladoras sus historias de lo que ha sido luchar por el fomento de la cultura en Mazatlán.
“La misión es prevenir y contrarrestar los factores de violencia por medio de actividades culturales, educación no formal y organización y desarrollo comunitario”, comienza diciendo el académico, describiendo lo que busca lograr con su trabajo en Cultura y Comunidad I.A.P., organización sin fines de lucro de la cual sirve como director general desde el año 2003, cuando él y otras personas comenzaron a discutir sobre las carencias y necesidades de la localidad.

Dentro de esas líneas de acción, la organización cuenta con varios programas para acercarse a la población dentro de colonias populares. “En lo que respecta a la cultura, tenemos un programa que se llama Cine en tu barrio, donde se muestran películas al aire libre en las colonias. Tenemos otro llamado Con el alma en la mano, que es un taller de teatro guiñol. Otro es Trazos de mar y arena, que es un taller de dibujo. También está otro que es Cuando las paredes hablan, éste es de pintura a gran formato”. Todos estos van enfocados a acercar a las personas de escasos recursos al arte en todas sus formas.
Pero, ¿por qué resulta importante promover la cultura entre la población? El profesor se muestra apasionado en su respuesta. “Una de las pobrezas más invisibles que hay es la de acceso a la cultura”, dice, mientras exhala el humo de su cigarro. “La visión que tenemos dentro de la organización es muy diferente a la visión tradicional de lo que es la cultura. Normalmente, aquí en Mazatlán se considera cultura sólo a aquello que es expresión de la cultura universal; la ópera, la música clásica, el ballet, la literatura. Y eso sí es cultura, pero la cosmovisión de la cultura que tenemos incluye creencias, costumbres, la forma en que las personas se apropian de su realidad.” Es precisamente esta visión elitista de la cultura lo que buscan evitar los programas que se han puesto en marcha dentro de la organización.

“Existe una necesidad de recuperar esas expresiones culturales de las personas que habitan en colonias de escasos recursos”, dice el profesor Vorrath, quien, con su experiencia de investigación en lugares marginados, tiene una idea bastante clara de cómo la falta de recursos impacta el nivel cultural de una persona. “Estas personas no tienen las mismas oportunidades para elegir una actividad cultural para llenar su tiempo libre, su tiempo de ocio. Por ejemplo, ¿cuánto le cuesta a una familia ir al cine?, digamos que en promedio unos $500 pesos, y eso es algo que está fuera del alcance de muchas personas. Por eso iniciamos el programa Cine en tu barrio”. La estricta formación marxista del profesor informa su perspectiva sobre estos temas, ya que él opina que, a pesar de la falta de recursos económicos, el acceso al arte debe ser un derecho humano universal.
“Hemos tenido buena aceptación y a partir de ahí hemos iniciado más actividades”, menciona el profesor. Se ve el brillo de la determinación en sus ojos a través de los cristales de sus anteojos. Ya va por el segundo cigarro. “Hemos estado en congresos nacionales e internacionales exponiendo nuestro trabajo. Hemos recibido felicitaciones de especialistas de otros países de América Latina.” Pero llevar a cabo estos programas tiene sus retos, en especial cuando se hace sin fines de lucro. Actualmente, la organización trabaja en la iniciativa “¿Quién da un peso por la cultura?”, con la que se busca recaudar fondos, a través de donaciones voluntarias de un peso o más al mes, para de esta manera sacar adelante los diversos programas.


“Al final, lo que buscamos es crear espacios de convivencia, generar comunidades más unidas y más fuertes, con valores”, comenta el profesor, con una notoria pasión en su voz. Se trata de alguien que conoce el poder que al arte y la cultura pueden tener sobre las personas, y es esto lo que guía su cruzada para la promoción de las mismas en Mazatlán. “Queremos reconstituir el tejido social. Devolverle a las personas la dignidad humana que se les ha arrebatado en la sociedad actual a través del arte”. Una meta bastante ambiciosa, pero una que vale la pena apoyar.

Thursday, May 7, 2015

RESEÑA: El metal, la escoria y el legado de la memoria


Resulta un tanto complicado tratar de articular de forma breve de qué trata precisamente la historia contada en las 320 páginas de la novela El metal y la escoria, del escritor mexicano Gonzalo Celorio, publicada por Tusquets Editores. Para dar fe de esto, basta con echarle un ojo a la sinopsis oficial que acompaña al libro, y en la cual se describe a la obra como una biografía, autobiografía, relación histórica, crónica, homenaje, saga familiar [y] reflexión metaliteraria. Tal descripción no miente; en el texto es posible encontrar rastros de todos esos géneros, los cuales se entrelazan con gran talento para formar una narrativa que presume una monumental ambición, a la vez que cuenta una historia de naturaleza muy personal para su autor.
Ganadora del Premio Mazatlán de Literatura 2015 (galardón otorgado por el gobierno estatal en conjunto con la UAS), El metal y la escoria cuenta la historia de tres generaciones de la familia del autor, comenzando con su abuelo que emigra desde un pequeño pueblo español allá en el siglo XIX para tener éxito en América, hasta llegar a la actualidad, explorando cómo las acciones de sus antepasados han tenido impacto en la vida de Celorio y sus hermanos. De esta manera, la narración da saltos de un tiempo a otro, de una perspectiva a otra. Así, el autor va contando su propia historia, a la vez que se dispone a reconstruir la memoria perdida de su familia.

“Es una historia de dolor, de decadencia, de degradación, de vicio, de despilfarro”, menciona Celorio en una entrevista. Es debido a eso que este aspecto de su saga familiar era rara vez tocado por las demás personas en su casa, y la razón por la cual se dio a la tarea de investigar y recrear la historia por sí mismo.
Leer El metal y la escoria es como entrar a una habitación en la que nunca se ha estado antes, a la vez que se percibe un aroma que evoca en uno profundos recuerdos de su pasado. La memoria es el tema clave de la obra.
El mismo Gonzalo Celorio ha declarado que la novela es “un género que es muchos géneros, y en mi caso se trata de un exorcismo”. En este caso, el exorcismo es el de recopilar todas estas memorias, mirar al pasado a la cara y darse cuenta de cuántas cadenas llevamos encima que aún conducen a ese pasado. El exorcismo es, también, mirar a la cara de un ser querido que sufre de Alzheimer, y no ver ninguna de esas memorias en sus ojos. Como los libreros vacíos que agracian la portada de la novela, nuestra mente va dejando ir poco a poco esas memorias, perdiendo en el camino nuestra propia identidad.

“Pensé que al desentrañar esa historia podría saber un poco más de mí mismo y explicarme mis más rancios atavismos”, confiesa el autor en cierto punto dentro del texto de la novela.
Los humanos siempre han usado la narrativa para tratar de encontrarle sentido al mundo, y al papel que ellos juegan en el mismo; contar historias es algo que nos viene natural, incluso cuando no somos escritores. En esta obra, Celorio tiene esto presente, utilizando su privilegiada prosa en servicio de una especie de reencuentro; un reencuentro con la historia, con la familia, con lugares y personajes que nunca conoció pero que igual tiene presentes. Un reencuentro con él mismo.

De esta manera, con el contexto completo trazado frente a él, tal vez pueda entender cuál es precisamente su lugar en este todo que llamamos vida. El hecho de que consiga esto, y lo consiga a través de una obra tan poderosa y reveladora, es, a fin de cuentas, su verdadero triunfo.

Friday, May 1, 2015

ARTÍCULO: La tragedia del cine de arte en Mazatlán

El cine tiene un lugar curioso dentro de la cultura mazatleca, aunque no particularmente el más positivo. La creación y producción de cine original en el puerto se encuentra en un estado por demás precario, ya que históricamente aquellos valientes que se han atrevido a dedicarse a la cinematografía en Mazatlán han tenido que enfrentarse tanto a la falta de apoyo y recursos como a la apatía misma del pueblo. ¿Pero qué pasa con los cinéfilos?, ¿con aquellas personas que simplemente buscan disfrutar de una buena película, de apreciar el buen cine? La verdad es que ellos también la tienen difícil.
Es imposible ser aficionado casual del cine de arte en Mazatlán. Quien quiera realmente adentrarse al estudio y apreciación del arte cinematográfico tiene que buscar las herramientas por su cuenta. Una persona común y corriente no puede ir a su cine más cercano y simplemente meterse a ver un filme de autor, o independiente, o experimental. La cruda verdad es que esas películas no llegan a nuestra localidad, y cuando lo hacen son sacadas de cartelera rápidamente para hacer espacio para el siguiente gran estreno hollywoodense.
Pero al mismo tiempo, esto nos presenta una situación del huevo y la gallina. ¿No llegan a Mazatlán las películas de arte porque no hay interés por parte del público, o no existe un interés por parte del público debido a que nunca se les ha expuesto a este tipo de cine? Los comentarios de un empleado de Cinépolis, la cadena de cines más grande de México, nos pueden ayudar a resolver el misterio. No llegan esas películas aquí. Las ponen en otras partes del país, como áreas metropolitanas y ciudades más grandes. Cuando llegan, es meses después y salen rápido de cartelera. La gente no quiere verlas. No hay demanda. Comenta también que a nivel nacional existen programas para promover el cine de arte, pero que aquí nos va bien si es que llega el Tour de Cine Francés y se acabó.
¿Será entonces que a las personas simplemente no les interesa la otra cara del cine? Cuando se estrenó Birdman nadie vino y la quitamos rápido. Luego, cuando empezó a hacer ruido en los Óscares, la pusimos de nuevo en cartelera y la gente vino y la dejamos por algunas semanas más. Prosigue el trabajador del cine, con un comentario bastante iluminador: Las personas están dispuestas a ver cine artístico, pero alguien tiene que guiarlas. No todos tienen el conocimiento de cine suficiente para distinguir y poder apreciar el cine de arte, pero habiendo algo -en este caso los Premios de la Academia- que haga llegar el mensaje a las masas, hay quienes van a ir a observar, aunque sea para ver cómo está el rollo con la película esa de aquel tipo que solía ser Batman.
En pocas palabras, hace falta que la gente se enamore del cine; esas películas no van a llegar hasta que haya quien las pida. Que esa pasión no se limite a una élite pretenciosa o autocomplaciente. Es tarea de los cinéfilos locales servir como esa voz que impulse el buen arte, las buenas películas. Que llegue a su fin ese antagonismo clasista, en el cual una persona, por haber visto un par de películas de Kubrick o Godard, se siente con derecho a descalificar a ese grupo de muchachos en fila para comprar boletos para Los Vengadores o Rápidos y Furiosos 7 (las cuales, además de jugar un papel importante en el paisaje cultural, pueden llegar a poseer un valor artístico mayor al que muchos quisieran aceptar).

Los cinéfilos de mi generación nacieron en una época privilegiada. Es verdad, fue en las salas de cine donde por primera vez sentí esa conexión con las películas; pero ahora, con acceso a Internet, servicios como Netflix, formatos de alta definición como Blu-Ray y tecnología HD en casa, tengo tantas películas que ver que me resulta agobiante, y puedo disfrutar de una excelente calidad de imagen y sonido, todo sin necesidad de abandonar mi sillón. Si eso suena a que estoy presumiendo, me disculpo y lo comprendo perfectamente. Todos esos son, sin duda alguna, lujos. Lujos que la persona promedio, con limitados recursos económicos y sin mayores conocimientos de tecnología, no puede darse. Enamorarse del cine en Mazatlán se ha convertido en un lujo, y eso es una tragedia.