La escena del rock en Mazatlán

Un vistazo al estado de las bandas y música de rock en el puerto

El camino de la cruz: estación por estación

Una crónica detallada sobre el viacrucis, celebrado en Catedral esta Semana Santa

Before Sunrise / Before Sunset / Before Midnight

Análisis a profundidad de la aclamada trilogía romántica del director Richard Linklater

La Ruta Vegana y la cultura del veganismo en Mazatlán

Una reseña del restaurante "La Ruta Vegana" que explora lo que significa ser vegano en Mazatlán

Descubriendo (y re-descubriendo) a Cri-Crí

Una tarde de diversión y canciones celebrando la vida y obra de Francisco Gabilondo Soler

Monday, May 18, 2015

ENTREVISTA: Cultura y comunidad: Reconstruyendo el tejido social a través del arte

La tarde estaba nublada y un inusual viento recorría el campus de la UAS. Sentado en una de las mesas al aire libre de la Facultad de Ciencias Sociales, disfrutando de un cigarro después de haber impartido un seminario, se encuentra el profesor Carlos Vorrath. Una figura conocida dentro de la Facultad, el profesor Vorrath es una persona de principios, los cuales guían sus acciones y le dan sentido a las clases que imparte. Siempre abierto a convivir con alumnos, se muestra abierto a una plática. Nunca una persona que hable demasiado de sí mismo, resultan reveladoras sus historias de lo que ha sido luchar por el fomento de la cultura en Mazatlán.
“La misión es prevenir y contrarrestar los factores de violencia por medio de actividades culturales, educación no formal y organización y desarrollo comunitario”, comienza diciendo el académico, describiendo lo que busca lograr con su trabajo en Cultura y Comunidad I.A.P., organización sin fines de lucro de la cual sirve como director general desde el año 2003, cuando él y otras personas comenzaron a discutir sobre las carencias y necesidades de la localidad.

Dentro de esas líneas de acción, la organización cuenta con varios programas para acercarse a la población dentro de colonias populares. “En lo que respecta a la cultura, tenemos un programa que se llama Cine en tu barrio, donde se muestran películas al aire libre en las colonias. Tenemos otro llamado Con el alma en la mano, que es un taller de teatro guiñol. Otro es Trazos de mar y arena, que es un taller de dibujo. También está otro que es Cuando las paredes hablan, éste es de pintura a gran formato”. Todos estos van enfocados a acercar a las personas de escasos recursos al arte en todas sus formas.
Pero, ¿por qué resulta importante promover la cultura entre la población? El profesor se muestra apasionado en su respuesta. “Una de las pobrezas más invisibles que hay es la de acceso a la cultura”, dice, mientras exhala el humo de su cigarro. “La visión que tenemos dentro de la organización es muy diferente a la visión tradicional de lo que es la cultura. Normalmente, aquí en Mazatlán se considera cultura sólo a aquello que es expresión de la cultura universal; la ópera, la música clásica, el ballet, la literatura. Y eso sí es cultura, pero la cosmovisión de la cultura que tenemos incluye creencias, costumbres, la forma en que las personas se apropian de su realidad.” Es precisamente esta visión elitista de la cultura lo que buscan evitar los programas que se han puesto en marcha dentro de la organización.

“Existe una necesidad de recuperar esas expresiones culturales de las personas que habitan en colonias de escasos recursos”, dice el profesor Vorrath, quien, con su experiencia de investigación en lugares marginados, tiene una idea bastante clara de cómo la falta de recursos impacta el nivel cultural de una persona. “Estas personas no tienen las mismas oportunidades para elegir una actividad cultural para llenar su tiempo libre, su tiempo de ocio. Por ejemplo, ¿cuánto le cuesta a una familia ir al cine?, digamos que en promedio unos $500 pesos, y eso es algo que está fuera del alcance de muchas personas. Por eso iniciamos el programa Cine en tu barrio”. La estricta formación marxista del profesor informa su perspectiva sobre estos temas, ya que él opina que, a pesar de la falta de recursos económicos, el acceso al arte debe ser un derecho humano universal.
“Hemos tenido buena aceptación y a partir de ahí hemos iniciado más actividades”, menciona el profesor. Se ve el brillo de la determinación en sus ojos a través de los cristales de sus anteojos. Ya va por el segundo cigarro. “Hemos estado en congresos nacionales e internacionales exponiendo nuestro trabajo. Hemos recibido felicitaciones de especialistas de otros países de América Latina.” Pero llevar a cabo estos programas tiene sus retos, en especial cuando se hace sin fines de lucro. Actualmente, la organización trabaja en la iniciativa “¿Quién da un peso por la cultura?”, con la que se busca recaudar fondos, a través de donaciones voluntarias de un peso o más al mes, para de esta manera sacar adelante los diversos programas.


“Al final, lo que buscamos es crear espacios de convivencia, generar comunidades más unidas y más fuertes, con valores”, comenta el profesor, con una notoria pasión en su voz. Se trata de alguien que conoce el poder que al arte y la cultura pueden tener sobre las personas, y es esto lo que guía su cruzada para la promoción de las mismas en Mazatlán. “Queremos reconstituir el tejido social. Devolverle a las personas la dignidad humana que se les ha arrebatado en la sociedad actual a través del arte”. Una meta bastante ambiciosa, pero una que vale la pena apoyar.

Thursday, May 7, 2015

RESEÑA: El metal, la escoria y el legado de la memoria


Resulta un tanto complicado tratar de articular de forma breve de qué trata precisamente la historia contada en las 320 páginas de la novela El metal y la escoria, del escritor mexicano Gonzalo Celorio, publicada por Tusquets Editores. Para dar fe de esto, basta con echarle un ojo a la sinopsis oficial que acompaña al libro, y en la cual se describe a la obra como una biografía, autobiografía, relación histórica, crónica, homenaje, saga familiar [y] reflexión metaliteraria. Tal descripción no miente; en el texto es posible encontrar rastros de todos esos géneros, los cuales se entrelazan con gran talento para formar una narrativa que presume una monumental ambición, a la vez que cuenta una historia de naturaleza muy personal para su autor.
Ganadora del Premio Mazatlán de Literatura 2015 (galardón otorgado por el gobierno estatal en conjunto con la UAS), El metal y la escoria cuenta la historia de tres generaciones de la familia del autor, comenzando con su abuelo que emigra desde un pequeño pueblo español allá en el siglo XIX para tener éxito en América, hasta llegar a la actualidad, explorando cómo las acciones de sus antepasados han tenido impacto en la vida de Celorio y sus hermanos. De esta manera, la narración da saltos de un tiempo a otro, de una perspectiva a otra. Así, el autor va contando su propia historia, a la vez que se dispone a reconstruir la memoria perdida de su familia.

“Es una historia de dolor, de decadencia, de degradación, de vicio, de despilfarro”, menciona Celorio en una entrevista. Es debido a eso que este aspecto de su saga familiar era rara vez tocado por las demás personas en su casa, y la razón por la cual se dio a la tarea de investigar y recrear la historia por sí mismo.
Leer El metal y la escoria es como entrar a una habitación en la que nunca se ha estado antes, a la vez que se percibe un aroma que evoca en uno profundos recuerdos de su pasado. La memoria es el tema clave de la obra.
El mismo Gonzalo Celorio ha declarado que la novela es “un género que es muchos géneros, y en mi caso se trata de un exorcismo”. En este caso, el exorcismo es el de recopilar todas estas memorias, mirar al pasado a la cara y darse cuenta de cuántas cadenas llevamos encima que aún conducen a ese pasado. El exorcismo es, también, mirar a la cara de un ser querido que sufre de Alzheimer, y no ver ninguna de esas memorias en sus ojos. Como los libreros vacíos que agracian la portada de la novela, nuestra mente va dejando ir poco a poco esas memorias, perdiendo en el camino nuestra propia identidad.

“Pensé que al desentrañar esa historia podría saber un poco más de mí mismo y explicarme mis más rancios atavismos”, confiesa el autor en cierto punto dentro del texto de la novela.
Los humanos siempre han usado la narrativa para tratar de encontrarle sentido al mundo, y al papel que ellos juegan en el mismo; contar historias es algo que nos viene natural, incluso cuando no somos escritores. En esta obra, Celorio tiene esto presente, utilizando su privilegiada prosa en servicio de una especie de reencuentro; un reencuentro con la historia, con la familia, con lugares y personajes que nunca conoció pero que igual tiene presentes. Un reencuentro con él mismo.

De esta manera, con el contexto completo trazado frente a él, tal vez pueda entender cuál es precisamente su lugar en este todo que llamamos vida. El hecho de que consiga esto, y lo consiga a través de una obra tan poderosa y reveladora, es, a fin de cuentas, su verdadero triunfo.

Friday, May 1, 2015

ARTÍCULO: La tragedia del cine de arte en Mazatlán

El cine tiene un lugar curioso dentro de la cultura mazatleca, aunque no particularmente el más positivo. La creación y producción de cine original en el puerto se encuentra en un estado por demás precario, ya que históricamente aquellos valientes que se han atrevido a dedicarse a la cinematografía en Mazatlán han tenido que enfrentarse tanto a la falta de apoyo y recursos como a la apatía misma del pueblo. ¿Pero qué pasa con los cinéfilos?, ¿con aquellas personas que simplemente buscan disfrutar de una buena película, de apreciar el buen cine? La verdad es que ellos también la tienen difícil.
Es imposible ser aficionado casual del cine de arte en Mazatlán. Quien quiera realmente adentrarse al estudio y apreciación del arte cinematográfico tiene que buscar las herramientas por su cuenta. Una persona común y corriente no puede ir a su cine más cercano y simplemente meterse a ver un filme de autor, o independiente, o experimental. La cruda verdad es que esas películas no llegan a nuestra localidad, y cuando lo hacen son sacadas de cartelera rápidamente para hacer espacio para el siguiente gran estreno hollywoodense.
Pero al mismo tiempo, esto nos presenta una situación del huevo y la gallina. ¿No llegan a Mazatlán las películas de arte porque no hay interés por parte del público, o no existe un interés por parte del público debido a que nunca se les ha expuesto a este tipo de cine? Los comentarios de un empleado de Cinépolis, la cadena de cines más grande de México, nos pueden ayudar a resolver el misterio. No llegan esas películas aquí. Las ponen en otras partes del país, como áreas metropolitanas y ciudades más grandes. Cuando llegan, es meses después y salen rápido de cartelera. La gente no quiere verlas. No hay demanda. Comenta también que a nivel nacional existen programas para promover el cine de arte, pero que aquí nos va bien si es que llega el Tour de Cine Francés y se acabó.
¿Será entonces que a las personas simplemente no les interesa la otra cara del cine? Cuando se estrenó Birdman nadie vino y la quitamos rápido. Luego, cuando empezó a hacer ruido en los Óscares, la pusimos de nuevo en cartelera y la gente vino y la dejamos por algunas semanas más. Prosigue el trabajador del cine, con un comentario bastante iluminador: Las personas están dispuestas a ver cine artístico, pero alguien tiene que guiarlas. No todos tienen el conocimiento de cine suficiente para distinguir y poder apreciar el cine de arte, pero habiendo algo -en este caso los Premios de la Academia- que haga llegar el mensaje a las masas, hay quienes van a ir a observar, aunque sea para ver cómo está el rollo con la película esa de aquel tipo que solía ser Batman.
En pocas palabras, hace falta que la gente se enamore del cine; esas películas no van a llegar hasta que haya quien las pida. Que esa pasión no se limite a una élite pretenciosa o autocomplaciente. Es tarea de los cinéfilos locales servir como esa voz que impulse el buen arte, las buenas películas. Que llegue a su fin ese antagonismo clasista, en el cual una persona, por haber visto un par de películas de Kubrick o Godard, se siente con derecho a descalificar a ese grupo de muchachos en fila para comprar boletos para Los Vengadores o Rápidos y Furiosos 7 (las cuales, además de jugar un papel importante en el paisaje cultural, pueden llegar a poseer un valor artístico mayor al que muchos quisieran aceptar).

Los cinéfilos de mi generación nacieron en una época privilegiada. Es verdad, fue en las salas de cine donde por primera vez sentí esa conexión con las películas; pero ahora, con acceso a Internet, servicios como Netflix, formatos de alta definición como Blu-Ray y tecnología HD en casa, tengo tantas películas que ver que me resulta agobiante, y puedo disfrutar de una excelente calidad de imagen y sonido, todo sin necesidad de abandonar mi sillón. Si eso suena a que estoy presumiendo, me disculpo y lo comprendo perfectamente. Todos esos son, sin duda alguna, lujos. Lujos que la persona promedio, con limitados recursos económicos y sin mayores conocimientos de tecnología, no puede darse. Enamorarse del cine en Mazatlán se ha convertido en un lujo, y eso es una tragedia.

Friday, April 24, 2015

ARTÍCULO: Iván Trejo y su Espejo de doble filo

Moisés Vega e Ivan Trejo.
La presentación de la antología de poemas Espejo de doble filo ocurrió durante la tarde del cuarto día de eventos de la Felimaz 2015. El acto se estructuró como una discusión entre el poeta local Moisés Vega, quien fungió como moderador, y el poeta y editor de la compilación presentada, Iván Trejo. Con ambos hombres sentados en el escenario frente a su audiencia, la conversación comenzó a fluir.
El libro, subtitulado como una antología binacional de poesía sobre la violencia, sirve como una colección de poesía que trata con la cruda realidad de la violencia desde la perspectiva de dos naciones que la conocen bien: México y Colombia. A través de la obra de poetas jóvenes y veteranos de ambos países, se ilustran las dinámicas sociales como causas de la violencia que trae consigo el crimen organizado, a la vez que exploran otros tipos de violencia comunes derivadas de grietas sociales que los gobiernos de ambos países han sido incapaces de arreglar.
La dinámica creada por la interacción de ambos poetas en el escenario resultó agradable. Vega, en un estilo más casual, sacaba temas y soltaba cuestionamientos, los cuales Trejo, el más serio y sobrio del par, se dedicaba a responder, muchas veces compartiendo relatos o comentarios llenos de sabiduría que cautivaban la atención de los presentes. Entre los temas tratados estuvieron las diferencias entre las historias de violencia de México y Colombia, las figuras mesiánicascreadas por el narcotráfico, el carácter no comercial de la poesía, la renuencia por parte de escritores de generaciones pasadas de ser relacionados con la narco-literaturay su objetivo de recopilar poemas que capturasen la realidad pero sin caer en el mal gusto o la vulgaridad.

Cuando la conversación dio paso a la lectura de algunos de los poemas a cargo de ambos hombres, Trejo se mostró un poco sorprendido por los aplausos que las obras, de naturaleza violenta explícita, recibían por parte del público. Qué horrible aplaudir a estos poemas, dijo el escritor, medio bromeando. Pero la verdad es que, Sr. Trejo, lo horrible es vivir la realidad donde fueron concebidas esas obras. Estos poemas (o narco-poemas, como son llamados por algunos) son tan sólo una respuesta artística ante tan barbáricos actos y, para algunos, la única manera en que pueden hacer escuchar su voz en una sociedad que busca acallarlos. Eso es, sin duda alguna, algo que merece aplausos.

Wednesday, April 22, 2015

REPORTAJE: La escena del rock en Mazatlán

El distorsionado sonido de las guitarras eléctricas guía la melodía, a la vez que el sonido del bajo va marcando el ritmo. Las paredes vibran al son de las estruendosas percusiones de la batería mientras que la voz gritada del vocalista se esfuerza por no ser enterrada debajo de la mezcla de sonidos que llenan la atmósfera. La canción continúa con los músicos creando una conexión, tanto entre ellos mismos como con su audiencia, y prosiguen hasta llegar a un épico clímax de sonido. Seguro, estarán tocando en un pequeño bar frente a un grupo de jóvenes alcoholizados, pero en ese momento son rockstars.

Esa es la escena típica de una tocada de rock en Mazatlán. Los jóvenes se suben al escenario sin nada más que sus instrumentos, sueños y ambiciones. Nos pagan con cerveza, comenta el guitarrista de una banda. Este es el tipo de sacrificio, de paciencia, que se necesita para dedicarse al rock en Mazatlán. Como una flor creciendo en el desierto, la escena del rock en el puerto se desarrolla en clima poco favorable.
No es un secreto que la música predominante en la región es la banda sinaloense en todos sus estilos. El dominio por parte de estos géneros musicales locales muchas veces causa un rezago en otro tipo de expresiones artísticas. En este sentido, el rock mazatleco continúa siendo una expresión de rebelión y lucha contra lo establecido; se trata de un nicho de personas con instrumentos eléctricos y algo que decir. Y tienen una audiencia.
Pero a pesar de la creciente popularidad de estos géneros entre la población joven, la escena se esfuerza por sobrevivir. La escena, ese intangible pero tan importante ambiente creativo y artístico que encapsula todas las expresiones de una determinada subcultura, es algo con lo que el rock mazatleco ha batallado en tiempos recientes. Para empezar, Mazatlán no es un lugar en donde haya mucha escena, así que esta es una desventaja, comenta Ernesto Camacho, músico y guitarrista de la banda local El Cuadrante Morado. El joven hace énfasis en el hecho de que en el puerto no hay facilidades para las bandas independientes que intentan darse a conocer. Tienes que tener presente que nada te va a caer del cielo, si quieres algo tienes que batallarle y conseguirlo, y si te gusta lo que haces ya es punto a tu favor.
Es precisamente esa pasión por la música lo que mueve a los jóvenes músicos, y lo que saca adelante la escena, a pesar de todo. Eso es lo que los motiva para aprender a tocar un instrumento -muchas veces por sí mismos, sin educación musical formal- y empaparse en los sonidos que servirán como influencias al momento de crear su propia música. Al escuchar una banda local es posible identificar aquellos sonidos de épocas pasadas que los músicos locales quieren tratar de hacer suyos; hay noise, hay blues, hay punk, hay hardcore, hay garage y surf rock.
Entonces hay música, hay audiencia y hay pasión. ¿Qué es lo que detiene a la escena del rock para convertirse en una verdadera fuerza mayor en la música del puerto? Creo que hay varios problemas: entre las mismas bandas y seguidores se tiran con todo, lo ven como competencia y esto crea un ambiente negativo que no nos deja crecer, dice Camacho, citando a los conflictos internos dentro de la escena como un obstáculo esencial en su desarrollo. Hay muchas divisiones, el ego de algunos es demasiado alto y ni siquiera han salido de Mazatlán a tocar. Y pues hay personas que sólo se dedican a criticar y no hacer nada, pero no hay que prestarles mucha atención.
Una preocupación constante es la de dónde tocar. Bares y clubes son los clásicos, pero muchas veces no se prestan para este tipo de eventos. La organización falla y muchas veces citan los dueños que esto no les deja nada y no valen la pena los problemas que conlleva. Debido a la falta de apoyo, a veces hay tocadas en otros establecimientos o incluso en casas particulares, pero esto trae consigo otros riegos; con eventos aislados ocurriendo en sitios poco conocidos, la escena puede resultar fracturada, en vez de unificarse.

A pesar del precario estado actual del rock mazatleco, existen bandas independientes originarias del puerto que, a través de trabajo duro y promoción constante, están dejando su huella en la escena y en el gusto de las personas. Atroz Destrucción, Haiku, Infecto, Pisando al Patrón, Grindgrena, El Cuadrante Morado, Mientras Tanto; son tan sólo algunos de los nombres que le resultan familiares a cualquier persona con interés en este estilo de música que asista con cierta regularidad a las tocadas que se dan en el puerto.
El caso de El Cuadrante Morado resulta indicativo de la lucha de muchas de estas bandas. Ernesto Camacho tiene ambiciones para su banda que van más allá de lo que Mazatlán puede ofrecerle. Estamos por grabar un LP que tendrá de 8 a 10 canciones. Al mismo tiempo, se da cuenta de la realidad. Sí está algo complicado para bandas que tienen muchas ganas de grabar pero no hay suficiente dinero. Aunque también no siempre necesitas de algo tan lujoso para hacer buena música. Prueba de la efectividad de esta ideología DIY tan prevalente en el puerto es el reciente lanzamiento del EP Room 511, creado por Camacho en su proyecto de solista denominado Tv Eye. Fue casero y todo fue grabado con un micro, dice el músico sobre su primitivo sistema de grabación. Igualmente, se muestra esperanzado por lo que él ve como una de las mejores épocas en lo que respecta a hacer llegar su arte a otras personas. Para distribuir, Internet ofrece muchas plataformas, como Bandcamp, Soundcloud, Youtube, incluso Facebook, etc. Estas te ayudan a difundir tu música y promover eventos.

Y pues en lo que Cuadrante se mete al estudio de grabación, hay otra banda que está a punto de tocar en un bar, o tal vez en un show casero, por primera vez. No saben que les depara el destino, ni cuál será su lugar en la escena. Tampoco si esto de la música va a funcionar. Pero en el momento en que la primera canción comienza a sonar, esas dudas empiezan a desaparecer. Son rockstars, maldición. Son rockstars.

RESEÑA: La Ruta Vegana y la cultura del veganismo en Mazatlán

Cuando uno piensa en comida mexicana, y particularmente en los mariscos de la cocina mazatleca, vienen a la mente imágenes de tacos, ceviche, tostadas, camarones, gorditas, pozole y carne asada, por mencionar sólo algunos de los platillos que conforman la dieta común de la persona promedio. En resumen, estamos acostumbrados como sociedad a consumir alimentos cuya preparación conlleva el uso de gran cantidad de carne y otros productos de origen animal. Hay quien diría que también conlleva una gran cantidad de crueldad y sufrimiento. Para estas personas existen alternativas que buscan proveer platillos de deliciosa comida, pero sin la necesidad de explotar a nuestros amigos del reino animal.

Tal es el caso de La Ruta Vegana, un restaurante de aparición relativamente reciente, que busca proveer a los mazatlecos con una opción diferente, tanto culinaria como ideológica. Las mismas paredes del establecimiento cuentan la historia: “El veganismo es una postura ética que consiste en no utilizar a los animales, humanos y no humanos, con fines de explotación”, esas son las palabras que, escritas en gis, cubren un pilar dentro del restaurante.
Pero las cosas no sólo se quedan en palabras. Dándole un vistazo al menú, uno puede encontrar una gran variedad de platillos que van desde hamburguesas, pizzas y brochetas hasta nuggets, bistecs y tacos; todo preparado sin utilizar nunca ningún producto de origen animal. Lejos queda la errónea idea de que una dieta vegana o vegetariana consiste sólo de ensaladas.

Al probar la comida, también queda claro que la falta de carne no significa falta de sabor. La hamburguesa portobello, identificada en el menú como especialidad, se siente llena de sazón al paladar, al haber absorbido el hongo todos los sabores de su marinado, y se crea un buen equilibrio con los demás ingredientes de manera que termina sintiéndose como una comida completa, pero nunca abrumadora. La ensalada es sencilla, pero la acertada adición de uvas y cacahuates garapiñados, además del aderezo de miel de agave y mostaza, hacen que funcione como la entrada perfecta. Igualmente, la pizza resulta deliciosa y casi indistinguible de su versión no-vegana, tanto a la mirada como al gusto. Entre los postres, se encuentran brownies y el tradicional pay de limón.
Las instalaciones de La Ruta Vegana, ubicadas en el centro en Vicente Guerrero #216 entre las calles Teniente Azueta y Carvajal, crean una atmósfera placentera y amigable. Bombillos que iluminan el lugar colgando del techo, libreros repletos de revistas y libros, una ecléctica selección de sillas y sillones, paredes negras donde se encuentra el menú escrito en gis, grandes ventanas que dejan entrar luz natural. Todo esto, combinado con la agradable música de fondo del lugar, crea un espacio que se siente moderno en su sencillez pero determinado en su actitud. Se siente cool.

Después de una tarde de probar la gran variedad de deliciosa comida a precios accesibles que el restaurante tiene para ofrecer, no queda duda de que el veganismo está con vida en Mazatlán. Un pequeño, pero significativo detalle, son las fotos de animales en adopción pegadas en una de las paredes; se trata de un adorable ejemplo de lo que la cultura del veganismo busca como resultado final: una mejor calidad de vida para todos los seres vivos en la Tierra, ya sea para aquel lindo gato que busca un hogar, o para aquella vaca que, con suerte, habrá de evadir el matadero si es que todos nosotros hacemos un esfuerzo.

CRÓNICA: El camino de la cruz: estación por estación


La mañana del 3 de abril comenzó con un firmamento nublado, pero, para el momento en que se anunció la primera estación del Viacrucis pasadas las 10 a.m., pareciera que el mismo cielo se hubiese abierto para bañar la Catedral en un manto de luz dorada. Jesús es condenado a muerte. La representación de los últimos momentos de la vida de Jesús de Nazaret comienza en el atrio de la Basílica de la Inmaculada Concepción. El hermoso estilo arquitectónico barroco sirve como fondo ante la horrible dramatización del sufrimiento de un hombre, siendo azotado continuamente, a la vez que lleva sobre sus hombros una imponente estructura de madera. Jesús carga la cruz. Los cientos de personas reunidas en el lugar miraban en silencio.
La multitud reza un padrenuestro y un avemaría, mientras el sacerdote guía las oraciones. El Jesús del pueblo continúa su camino, tolerando los insultos y azotes por parte de los soldados romanos. Jesús cae por primera vez. La multitud suelta un suspiro, los soldados continúan con sus gritos. “¡Apúrate!”, “¡No tenemos tiempo!”. El calor va en aumento, y se puede observar al hombre empapado en sudor, levantándose para continuar su camino con la cruz sobre sus hombros.
El trayecto de la cruz
La multitud va abriendo paso mientras continúa la ceremonia, permitiendo pasar a los actores, hasta el punto en que abandonan la iglesia y comienza el trayecto a través de una de sus calles aledañas. Jesús encuentra a su madre, María. La emoción en muchos de los feligreses es palpable, la atmósfera densa con sentimientos de tristeza y conmoción. Se repiten el padrenuestro y el avemaría, como se ha venido haciendo en cada una de las estaciones de la cruz, cada vez con más entrega y convicción por parte de los presentes. Pasan la quinta, la sexta estación, y el solemne recorrido continúa bajo el fuerte azote de los látigos y el aún más fuerte azote del sol.

El joven, ataviado en su túnica blanca y portando en su cabeza la tradicional corona de espinas, continúa caminando, notándose cada vez más agotado. Han pasado ya cuarenta y cinco minutos desde el inicio, y se prepara para dar vuelta en la esquina entre la Catedral y el Palacio Municipal, para regresar al atrio de la iglesia. Jesús cae por segunda vez. Los gritos y azotes de los escoltas de Jesús se intensifican. Con la ayuda de una bondadosa mujer, y con todo el dolor del mundo, el hombre se pone de pie de nuevo, ante las caras consternadas de gran parte de la multitud.
Es en este momento cuando un par de muchachos, armados con micrófono y guitarra, comienzan a entonar un hermoso himno religioso que contrasta bastante con la desolada escena frente a ellos. Posteriormente, el sacerdote que ha ido orando a la cabeza del grupo tomó el micrófono para dirigirse al grupo de creyentes reunidos ahí, que para ese momento ya había crecido a lo que parecía miles. Su discurso consistió en un esperanzador sermón sobre ayudar al prójimo. “Si Jesús mostró su mejor cara a aquellos que lo torturaron, todos nosotros podemos también hacer lo mismo cuando uno de nuestros hermanos necesita ayuda”. Después de esto, Jesús, seguido por toda la multitud, ingresó al atrio de la iglesia, esta vez por la entrada trasera. Había llegado el momento de la crucifixión.
En la cima de Gólgota
Jesús cae por tercera vez. Se le despoja de sus vestiduras, recibe más azotes y se le deja tirado en el caliente piso de concreto. El resto de la ceremonia, las estaciones de la décima a la decimoquinta, transcurren de manera continua, como el último acto de una obra de teatro. Jesús es acompañado por otros dos criminales, quienes son crucificados antes que él.

Cuando llega el momento, el hombre es montado en la cruz en medio de los otros dos, entre gritos y burlas de los romanos y fariseos. Jesús es clavado en la cruz. “Si realmente eres el hijo de Dios, ¡Sálvate a ti mismo!”, “¿No que eras el Mesías?”, “¡Esto te pasa por decir locuras!”. Los gritos y reproches vienen de todos lados, y después de un rato el hombre en la cruz de en medio ya no puede soportarlo más. “Todo está cumplido… Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Jesús muere en la cruz.

Hay un momento de silencio, seguido por efectos de sonido de truenos y relámpagos. Los soldados, vestidos en sus brillantes capas rojas, sienten un terremoto y se dan cuenta de lo que han hecho. María recoge el cuerpo de su hijo. Jesús es sepultado. De repente, otra canción comienza, la música se queda en el aire mientras el público reflexiona sobre lo que acaba de observar. La canción termina y la ceremonia llega a su fin, con la multitud esparciéndose, en preparación para el día en que su Mesías habrá de regresar. Jesús resucita de entre los muertos.