Wednesday, April 22, 2015

RESEÑA DE CINE: Before Sunrise / Before Sunset / Before Midnight

Richard Linklater es en definitiva uno de los visionarios menos apreciados de la escena del cine americano contemporáneo. La peculiar naturaleza experimental de gran parte de su obra lo ha posicionado como un pionero determinado con expandir lo que puede lograrse a través del medio cinematográfico. Esto queda claro en películas como Waking Life (2001) o más recientemente en Boyhood (2014), pero para muchos su magnum opus lo constituye la serie de Jesse y Céline.
Las tres películas que conforman la saga estelarizada por Ethan Hawke y Julie Delpy son Before Sunrise (1995), Before Sunset (2004) y Before Midnight (2013); todas tomando lugar en décadas diferentes, en países diferentes, con tonos diferentes, mientras exploran distintas etapas de la vida y el romance de dos personas. Se trata entonces de una trilogía filmada a lo largo de 18 años que toca sutil pero mordazmente temas sobre la naturaleza humana y su efecto en las relaciones interpersonales. Pero más allá de esta ambiciosa visión artística, la principal característica que las tres películas comparten es su simplicidad técnica y estructural. Dos personas caminando por una hermosa ciudad europea mientras hablan del amor, la vida y la muerte; esa es, a grandes rasgos, una sinopsis que sería apropiada para cualquiera de estos tres filmes.
A pesar de esa percibida simplicidad, Linklater (con gran ayuda de Hawke y Delpy) se propuso con estas películas a explorar temas más grandes, más importantes, más maduros. Los personajes de Jesse, un romántico muchacho americano, y Céline, una idealista chica francesa, evolucionan a lo largo de esta serie de manera que se convierten en uno de los romances en pantalla más tridimensionales jamás logrados, y es esta evolución y los temas que conlleva lo que cimientan a estas películas como uno de los más grandes logros del cine occidental en décadas recientes. Más allá de eso, otra cosa que resulta fascinante acerca de estos filmes es como se va volviendo evidente que al Linklater de 35 años que hizo Sunrise le hubiese sido imposible hacer Sunset, y el que realizó esta hubiera sufrido ante la idea de Midnight. De esta manera no sólo vemos el progreso de la historia concerniente a los personajes en pantalla, sino también el crecimiento y maduración de un artista. ¿La tesis del artista? La muerte y resurrección del romance.


La historia comienza en Before Sunrise. Nuestros dos jóvenes protagonistas, Jesse y Céline, se conocen en un tren y deciden bajarse en Viena para pasar el día juntos hasta el amanecer, cuando tendrán que tomar caminos separados. En el transcurso de su tiempo en la ciudad austriaca comparten sus opiniones sobre varios temas para llegar a conocerse y, eventualmente, a enamorarse. Se trata de una trama bastante simplista, pero así fue diseñada. Igualmente, los aspectos técnicos del filme están ahí en servicio de la historia y nunca toman la delantera ante el verdadero protagonista de la película: los diálogos.
Las conversaciones entre Jesse y Céline son lo que hace que la trama se mueva, además de que resultan un maravilla para escuchar. Es a través de estos diálogos que conocemos a nuestros personajes y en cambio ellos van conociéndose a sí mismos. Es precisamente este sentido de auto-descubrimiento uno de los temas centrales de la película. Jesse y Céline descubren cosas acerca del otro, pero también acerca de ellos mismos cuando deciden abrirse ante otro ser humano y mostrar su vulnerabilidad. Jesse no es el cínico que pretende ser y Céline no está tan segura de sus convicciones como le gustaría estarlo.
Esta primera película tiene un final ambiguo, algo que comparte con sus sucesoras. Aquí, después de una noche increíble donde por fin declararon su amor por el otro, los jóvenes amantes tienen que separarse de nuevo en la estación del tren. Para mantener su romance puro deciden no intercambiar información de contacto pero, en un último momento de amor y desesperación, prometen regresar dentro de seis meses a esa misma estación para continuar su relación. La película termina y la audiencia se queda preguntándose si se cumplió o no la promesa. Este final nos habla sobre la ideología de ambos personajes en ese particular momento de su juventud, cuando algo tan poco práctico como viajar de un continente a otro en vez de intercambiar números de teléfono resulta romántico.


En contraste, la segunda entrada en la saga, Before Sunset, es una película con una notable fijación con el tiempo. Esto no es una casualidad, Sunset es también la única de las tres que sucede en tiempo real. Los 80 minutos de duración de la película son los mismos 80 minutos en la vida de los protagonistas que le son presentados a la audiencia. Linklater utiliza esto para darle su propia identidad al filme. En Sunrise el tiempo era una amenaza, pero existía la posibilidad de que si nuestros protagonistas se concentraban lo suficiente el amanecer nunca llegaría y podrían vivir para siempre bajo esas estrellas vienesas; en Sunset, el paso del tiempo ya no es una amenaza, sino una realidad.
Jesse es un escritor exitoso y Céline una activista ambiental. Ambos están en sus treintas. Jesse está presentando su nueva novela en una librería parisina cuando ve a Céline en la multitud. Entonces el misterio del final del primer filme es develado: Céline nunca apareció en la estación seis meses después. Esta es la primera vez que ambos se ven desde aquel día en Viena y deciden pasar la tarde juntos caminando alrededor de París, matando tiempo hasta la hora del vuelo que Jesse tiene que tomar, y poniéndose al corriente al mismo tiempo. Jesse se casó y tiene un hijo, Céline tiene un novio y está dedicada a su trabajo.
Las tres películas utilizan las hermosas locaciones europeas para representar el romance central de la historia, pero Sunset es en muchos aspectos la más romántica de la serie y apropiadamente toma lugar en la ciudad del romance, París. La estructura del filme no es muy diferente a la de su antecesor; la gran parte del mismo aún los sigue mientras ellos hablan y caminan por la ciudad, pero temáticamente es mucho más rico y maduro, como lo son los personajes mismos.
Con el tiempo ya no a su favor, Jesse y Céline comienzan a cuestionar las decisiones que han tomando en la última década e incluso su propia mortalidad. Estos son temas que ambos exploraron en su última cita, pero ahora informados por la seriedad e inmediatez que el paso del tiempo conlleva. El filme se centra en la desilusión que inevitablemente viene con la edad y con la realización de que la vida que imaginaste en tu juventud no es más que una fantasía. Y es que tanto Céline como Jesse han revivido y mitificado tantas veces la noche de su primer encuentro en sus mentes que nunca consiguieron algo tangible que les brindara tanta felicidad como ese recuerdo. De nuevo en un final ambiguo, parece que ambos ceden ante sus deseos y deciden intentarlo de nuevo. Esta vez no son jóvenes y se dan cuenta de ello, no tienen seis meses que esperar y, aunque los tuvieran, eso ya no tiene el mismo encanto romántico que tuvo cuando estaban en sus veintes.


Al final está Before Midnight, la cual resulta ser, desde una perspectiva temática, la más brutal de la trilogía. Jesse y Céline están casados. Están en sus cuarenta y tienen dos hijas, aparte del hijo del matrimonio anterior de Jesse que él se esfuerza por ver lo más posible. Ambos tienen éxito en sus carreras pero la vida de casados tiene sus dificultades. Y de nuevo toman parte en una caminata por un hermoso paisaje europeo, en esta ocasión en una península griega, filosofando sobre la vida, ahora desde la perspectiva de la mediana edad.
Se trata de una película que nos dice explícitamente lo que aparentemente Linklater y compañía esperaron tanto tiempo para compartir: Es fácil ser romántico cuando tienes veintitantos y estas mirando el cielo estrellado en un hermoso parque vienés con una botella de vino en la mano y el amor de tu vida a tu lado; no es hasta que estás en tus cuarenta, encerrado en una barata habitación de hotel cuestionando las decisiones que tomaste en la vida, resintiendo las responsabilidades que la edad trae consigo y sacando el rencor y frustración en contra de aquella persona que cometió el error de bajarse del tren contigo dos décadas atrás que te das cuenta de que el romance no es fácil. El romance, Jesse y Céline se enteran, es una cosa frágil y el pasar de la vida lo va asfixiando poco a poco. Y por fin, el intenso romance que comenzó en aquel tren cae víctima de una muerte bastante mundana en aquella habitación de hotel, entre gritos y reproches. De repente, los paisajes de las antiguas ruinas griegas que dominan gran parte de la simple pero hermosa fotografía de la película empiezan a tener sentido. Esta es una historia acerca de un romance en ruinas.
Estás películas, vistas como un todo, logran unificar sus temas orgánicamente; pero mirándolas de forma individual, analizando las revelaciones de los personajes, resulta evidente que cada una le brinda una mayor profundidad a las otras. En Sunrise, la respuesta de Céline ante la pregunta de si cree o no en la reencarnación es un tímido “sí”. En Sunset, ella confiadamente afirma que no cree en tal cosa. Al final de su noche mágica en Sunrise, Jesse menciona que están de nuevo en “tiempo real”. La película subsecuente transcurriría literalmente en tiempo real. Al principio de Sunrise, Jesse convence a Céline de bajarse del tren con un encantador monólogo acerca de cómo le estaría haciendo un favor a su futuro esposo al pasar el día con él. Sabiendo lo que ocurre en Midnight, esta escena toma un significado diferente, más profundo y melancólico.
Se trata de filmes que evocan sensaciones de épocas pasadas, tomando prestadas ideas y técnicas de la Nouvelle vague de los años sesenta y del Nuevo Hollywood de los setenta, a la vez que resultan frescos y relevantes en el contexto de su propio tiempo. Incluso, en muchas maneras, se trata de películas que son indudablemente producto de la época en que fueron creadas; temáticamente exploran problemas propios de la transición del siglo XX al XXI.
En Before Midnight, que toma lugar en el 2013, los ya casados Jesse y Céline se encuentran con una joven pareja que tiene una historia similar a la de ellos: se conocieron, se enamoraron y se tuvieron que separar. ¿Esta pareja también se juró amor eterno en una estación de tren prometiendo volver ahí algún día? No. Es 2013. Tenemos Skype. ¿Quién haría algo tan estúpido como eso? Son momentos como este los que nos muestran que Jesse y Céline cambiaron, sí, pero el mundo a su alrededor fue cambiando aún más rápido. ¿La tecnología mató al romance? No lo sé, Jesse y Céline tampoco. Posiblemente ni siquiera Linklater está seguro. Pero la pregunta queda en el aire; la respuesta no es importante. El cambio es importante. El tiempo es importante. La época y el contexto en el que formamos y vamos construyendo nuestras relaciones es importante, y ese es otro tema fundamental que las películas, al abarcar décadas, exploran. Se trata de una historia de amor universal con una cualidad atemporal; podría pasar en cualquier momento. Excepto que no es así. Sólo podría pasar, con esos mismo detalles, en 1995. Y en 2004. Y en 2013.



La pregunta en el núcleo de Before Sunrise es ¿qué podría ser?, la cual es romántica porque nos habla de posibilidades, del idealismo de la juventud. La vida es lo que hagamos de ella así que voy a bajarme del tren con un extraño y veré a dónde me lleva. Before Sunset se cuestiona sobre ¿qué pudo haber sido?, lo cual trae consigo un subtexto más triste y melancólico, pero romántico igualmente. La imaginación puede volar con los escenarios de lo que pudo haber pasado si ambos hubieran ido a la estación del tren aquel día de diciembre. Before Midnight no se hace preguntas, conformándose con decir esto es lo que es. Es aquí donde nuestro romance idealizado por fin se quiebra ante la mundana rutina de la vida real. Nosotros, la audiencia, pasamos casi veinte años creando en nuestra mente el perfecto escenario en el que nuestros protagonistas por fin viven felices para siempre y Linklater nos presenta su visión y subvierte nuestras expectativas. Nadie vive feliz para siempre, y es a partir de las cenizas de esa realización que el romance perdido de Jesse y Céline renace como el fénix, ya no como un concepto inmaduro e idealizado, sino como una realidad adulta e implacable.

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